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viernes, 14 de agosto de 2009

Guiones de mentira y de verdad

Me disponía a dejar un comentario en el blog de Juanjo Ramírez, pero cómo lo que quería era narrar un episodio interesante de mi vida estudiantil más que dar mi propia opinión, se ha apoderado de mí el entusiasmo por detallar lo que sucedió los primeros diez minutos de la primera clase de Procesos Audiovisuales del curso pasado. Que es, más o menos lo que sigue:
Todo lo que sé de cine (una mierda) se lo debo, no obstante, a esa asignatura y en especial al profesor que la impartía, que desde ahora os informo que es el amo y el señor de este universo en el que andamos. Pues bien, lo que nos estaba explicando, a grandes rasgos durante aquella clase, eran las etapas en las que se divide el trabajo que tiene como fin una película. La primera se supone que es escribir el guión. Parándose en este punto esto es lo que hizo "El Amo":
Nos dio a toda la clase una hoja de un guión y nos preguntó si alguno de nosotros sabía qué le faltaba para ser una verdadera hoja de guión. La leímos, y como no teníamos ni puta idea nos pusimos a dar palos de ciego: que si le falta el título, o la fecha en la que fue escrita la hoja, o esto o aquello. A todo respondía meneando la cabeza de lado a lado con una sonrisilla en la cara, el muy cabrón. Al final, cuando nos dimos por rendidos y paramos de decir lo que nos venía a la cabeza, se acercó a su mesa, en silencio, y sacó un paquetito de papel albal. Desenvolvió el paquetito y sacó una rodaja de chorizo, que sostuvo a la altura de su cabeza, como si fuese una ostia sagrada, a la que todos mirábamos incrédulos (más de uno con la boca entreabierta fijo) y diciendo: “Ibérico, no creáis”, la lanzó sobre su hoja, manchándola de grasa. Acto seguido (todo el aula permanecía en silencio) la arrojó al suelo y la pisoteó un poco, la recogió y la arrugó con las manos. Cuando le pareció que la hoja estaba lo suficientemente deteriorada la alzó y dijo:
“Este es el aspecto que tiene que tener la hoja de un buen guión cinematográfico. El aspecto propio de una hoja que ha pasado por muchas manos. Lo que quiero deciros es que el trabajo del guionista es un trabajo inacabado, imperfecto, pues cualquier guión va a ser modificado una vez termine de trabajar el guionista. El director, el productor, el cámara, el del sonido, el de la luz etc, todos ellos cogerán el guión y harán retoques en él. Por lo tanto un buen guionista es el que confecciona guiones que son capaces de asumir esas modificaciones que el resto del equipo van a imponer a su antojo. Y el resultado final…¡ése es el verdadero guión de una película! Yo sí tengo una hoja de guión, vosotros no.”

Comprenderéis que piense que jamás olvidaré aquella lección.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La Enseñanza. El Profesor

Tengo muchas ganas de escribir esta entrada y mucho que contar, pero no sé por donde empezar ni si lo haré bien.
Hoy he tenido Estructura Social Contemporánea, asignatura de estimulante nombre que es impartida por el típico profesor veterano. Cuando digo veterano me refiero a ese tipo de profesores que empiezan sus frases con expresiones como “en 36 años dando clases me he dado cuenta...” y que te recuerdan constantemente que “yo ya he resuelto mi vida y he hecho mundo, ahora te toca a ti”. Bueno, pues mi profesor es uno de esos, y no sólo tiene una larga trayectoria profesional a sus espaldas, sino que además, dicha trayectoria parece haber sido grabada en su cerebro de elefanta jefa de la manada con precisión desconcertante.
Cuando ha entrado en la clase, estábamos hablando de que mañana es huelga por Bolonia, y que nos deberíamos poner de acuerdo en no venir ninguno a clase. Así que él, que ha dedicado media vida a la universidad (palabras textuales suyas), no ha podido evitar intervenir.
Así que ha desplegado toda su oratoria y su conocimiento sobre el tema abriéndole los ojos a más de uno mucho más de lo que los tenía. Nos ha explicado qué es un precio político, concepto que muchos no conocíamos y que no es ni más ni menos que la parte que el estado paga para que yo pueda estudiar y que no pago yo. Ha ido desgranando poco a poco la vergüenza del sistema educativo universitario español y, por ende, la vergüenza de la sociedad española en general. Ha arremetido contra la demagogia implantada en nuestro país desde hace un tiempo de que todo el mundo debe poder ir a la universidad. Nos ha aclarado así el origen del problema del mileurismo y del problema de los jóvenes de 30 años que con bachiller, carrera y algún que otro módulo de FP a sus espaldas, no son capaces de encontrar un trabajo digno. Es que simplemente eso es algo que ya tiene todo el mundo. Todo el mundo puede entrar en la universidad y puede sacársela, creando exceso de licenciados/diplomados/ingenieros y degradando todo el sistema. Decía: “resulta que ahora Gran Bretaña está contratando doctores y enfermeras españoles a montones. Y claro, si a ellos les ofrecen el triple de sueldo que aquí, resulta que se van. El resultado es que estamos formando a doctores y enfermeras cualificadísimos con nuestro dinero que luego trabajaran para otro país. Gran Bretaña ve crecer sus plantillas de doctores a coste 0, ¡porque nosotros se los regalamos! Quién iba a decirle a un inglés hace apenas treinta años que le iba a rajar la tripa un español. Naranjas de la China.”
Por supuesto también ha hablado del dinero invertido por los gobiernos españoles en educación en las últimas décadas. Y es que si no se gasta dinero en educación, no se puede garantizar una buena educación, y menos aún costear las varias reformas educativas que se han ido dando en estas décadas. “A nosotros nos llegan cartas del Ministerio de Educación, y cada vez que nos llega una nos echamos a temblar. Nos dicen que hay que hacer una nueva reforma, y en la coletilla pone siempre, pero siempre, y es algo que a mí me revienta: coste 0. ¡Coste 0! Pero ¿cómo vas a hacer una reforma sin dinero? Es igual que decir: voy a hacer una obra en la cocina de mi casa, eso sí, a coste 0. Digo yo que si vas a tirar muebles de tu casa tendrás que comprar otros.” Bolonia no es una excepción, y para hacerse bien se necesita dinero. No se ha puesto a favor ni en contra de Bolonia, pero sí que ha resaltado algunas cosas buenas y algunas malas del plan. En cualquier caso él estaba mucho más enfrascado en mostrarnos su propia visión del problema educativo en general. Nos contó que en 1993 se reunió con el rector de Harvard como profesor de la Complutense con motivo de la inauguración del colegio Complutense que hay hoy en día en el campus de la universidad de Harvard, que por cierto, es el único centro de una universidad extranjera instalado en el campus de Harvard. Y decía que hablando con él le preguntó cuántos alumnos había en Harvard y con qué dinero contaba Harvard para dar clases. El rector le respondió que tenían 17.000 alumnos y 600.000 millones de las antiguas pesetas, a lo que mi profesor le respondió que en su universidad había 6000 millones para 120.000 alumnos. También hay que decir que Harvard es Harvard, y además privada. Cosas de la vida, mientas otros países invierten el 6-7 % del PIB en educación, nosotros invertimos la mitad. “Pero ¿en qué se va el dinero aquí? En ver cual es la nueva novia del torero tal. Pero es que es eso lo que parece que le gusta a la gente. ¿Pero este país de qué va?¿de qué va?”, “No hay más que ver el caso del alcalde ese que ha salido por ahí. Con una ley del suelo complejísima, resulta que viene el tipo este y hala, voy a construirme 15.000 viviendas en suelo rústico, Si es que de ocho mil municipios en España cinco mil son pura corrupción [y de nuevo] ¿pero este país de qué va? ,¿de qué va?”.
En verdad, casi todo lo que decía ya lo sabíamos: que sobra gente en la universidad y que no se invierte en ella. Sin embargo ha sido una fantástica explicación, apoyada por la propia experiencia del profesor, su cercanía y su amplio conocimiento del tema. Era hasta emocionante ver cómo se le congestionaba el rostro de indignación ante lo que estaba contando. A todo esto, fue imposible acabar con el ruido de la mitad de la clase que ni en esta ocasión ha querido prestar atención. Ellos verán.
Al final no hemos dado clase, pero ha sido la clase en la que más he aprendido desde que estoy en la universidad.