Me disponía a dejar un comentario en el blog de Juanjo Ramírez, pero cómo lo que quería era narrar un episodio interesante de mi vida estudiantil más que dar mi propia opinión, se ha apoderado de mí el entusiasmo por detallar lo que sucedió los primeros diez minutos de la primera clase de Procesos Audiovisuales del curso pasado. Que es, más o menos lo que sigue:
Todo lo que sé de cine (una mierda) se lo debo, no obstante, a esa asignatura y en especial al profesor que la impartía, que desde ahora os informo que es el amo y el señor de este universo en el que andamos. Pues bien, lo que nos estaba explicando, a grandes rasgos durante aquella clase, eran las etapas en las que se divide el trabajo que tiene como fin una película. La primera se supone que es escribir el guión. Parándose en este punto esto es lo que hizo "El Amo":
Nos dio a toda la clase una hoja de un guión y nos preguntó si alguno de nosotros sabía qué le faltaba para ser una verdadera hoja de guión. La leímos, y como no teníamos ni puta idea nos pusimos a dar palos de ciego: que si le falta el título, o la fecha en la que fue escrita la hoja, o esto o aquello. A todo respondía meneando la cabeza de lado a lado con una sonrisilla en la cara, el muy cabrón. Al final, cuando nos dimos por rendidos y paramos de decir lo que nos venía a la cabeza, se acercó a su mesa, en silencio, y sacó un paquetito de papel albal. Desenvolvió el paquetito y sacó una rodaja de chorizo, que sostuvo a la altura de su cabeza, como si fuese una ostia sagrada, a la que todos mirábamos incrédulos (más de uno con la boca entreabierta fijo) y diciendo: “Ibérico, no creáis”, la lanzó sobre su hoja, manchándola de grasa. Acto seguido (todo el aula permanecía en silencio) la arrojó al suelo y la pisoteó un poco, la recogió y la arrugó con las manos. Cuando le pareció que la hoja estaba lo suficientemente deteriorada la alzó y dijo:
“Este es el aspecto que tiene que tener la hoja de un buen guión cinematográfico. El aspecto propio de una hoja que ha pasado por muchas manos. Lo que quiero deciros es que el trabajo del guionista es un trabajo inacabado, imperfecto, pues cualquier guión va a ser modificado una vez termine de trabajar el guionista. El director, el productor, el cámara, el del sonido, el de la luz etc, todos ellos cogerán el guión y harán retoques en él. Por lo tanto un buen guionista es el que confecciona guiones que son capaces de asumir esas modificaciones que el resto del equipo van a imponer a su antojo. Y el resultado final…¡ése es el verdadero guión de una película! Yo sí tengo una hoja de guión, vosotros no.”
Comprenderéis que piense que jamás olvidaré aquella lección.
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viernes, 14 de agosto de 2009
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