Hoy he tenido un mal augurio. Normalmente no creo en los augurios, ya sean buenos o malos, pero he de admitir que este sí que me preocupa. Ayer vi mi nota de redacción periodística, la cual me había quedado suspensa para septiembre y he aprobado con un siete y medio, así que yo más feliz que unas castañuelas ayer. Pero hoy me he despertado soñando que suspendía la otra que me ha quedó, Inglés (que no es inglés propiamente dicho, sino el TOEIC, por si alguien conoce ese examen). El examen lo hice el viernes pasado, y creo que lo aprobaré, pero no sobrado, y las dudas me han empezado a corroer.
En el sueño me encontraba frente a un ordenador y me metía a ver si ya habían publicado los resultados. Yo estaba confiado de que me encontraría con un aprobado. Pero no, había suspendido, y, joder, con menos de un dos para ser exactos. -Vaya mierda, esto cómo puede ser- dije, enfadado. Descubrí un link que me llevaba a un documento dónde se me explicaba el proceso de puntuación del examen. Al verlo me quedé estupefacto y más enfadado aún, pues yo no tenía ni idea de que el examen iba a ser corregido de esa manera. La hermana de un amigo, que rondaba por ahí, me preguntó que qué tal, -mal- dije secamente –yo no sabía esta mierda-. En la explicación del sistema de puntuación me informaban que sólo estaría aprobado si era posible multiplicar a todos los personajes entre sí y que después cualquiera de ellos se dejase dividir. En la vida real esto no tiene ningún sentido, sin embargo en el sueño al parecer sí y respondí con más improperios e insultos dirigidos a la pantalla y a los profesores de la asignatura.
Abro un ojo, cojo el móvil, son las once y once de la mañana. Me tapo un poco mejor los pies mientras pienso: es sólo un sueño, es sólo un sueño, el sistema de puntuación real no es así, cierro los ojos, me duermo al instante y esto es lo que sueño:
Estoy ante un ordenador semejante al anterior, mirando una vez más mi nota, me acuerdo del anterior sueño y pienso, sonriendo, que esta vez es real y que voy a aprobar [no, no es real, joder Álvaro es otro puto sueño que va de lo mismo, que no te enteras]. Le doy a una tecla, se carga la página y…tengo un seis en la parte de listening y otro en el reading, pero, un momento, ¿pero qué coño…? WTF!, ¡sigo suspenso! Pero si tengo un seis ¿por qué estoy suspenso?, vamos a ver. De nuevo hay un link que me lleva a otra página donde se me explica todo: al parecer es necesario llegar al ocho para aprobar. Me vuelvo a enfadar y a cagarme en su puta madre, yo no sabía eso, si lo hubiese sabido habría estudiado más. Joder, mira que suspender sacando un seis. Todo por no saber cómo me iban a puntuar, ya me ha pasado lo mismo dos veces seguidas. De pronto aparece peña de mi clase como si fueran setas, nos sentamos en un corrillo y empiezan a rularse petas. Yo fumo, pero no fumo, o sea, que doy caladas al porro, y veo cómo se consume, pero el humo se niega a aparecer en mis pulmones. Alguien pone música desde un móvil y Elías [el que ya conocéis] se pone a hacer el gilipollas [esto tiene su origen en la experiencia real, pues Elías estaba el día de la recuperación, y, cuando estábamos entregando los exámenes, entró música por la ventana y se puso a menar el culo]. Me acerco a él:
-Ey, máquina, ¿has aprobado el examen de inglés?-
-Sí, tío-
-Pero, no puede ser, si cuando me metí yo vi que el resto de notas también estaban suspensas-
-Ya, pero es que todavía no habían subido las mías, mira- me enseña la pantalla de un portátil cercano. Efectivamente ahora hay más notas publicadas, dos de ellas son aprobados.
Me despierto, son las once y treinta y dos según mi móvil. Repito, no soy una persona supersticiosa, yo paso por debajo de escaleras, enfrente de gatos negros, paso la sal de mano a mano, me río cuando me caen exámenes algún martes trece etc. Aplico el razonamiento (o lo que yo tenga que más se parezca a eso) antes de dejarme llevar por miedos estúpidos sin fundamento. Sin embargo, cuando me he despertado hoy, no he podido aplicar razonamiento alguno antes de que el miedo a tener suspensa la asignatura, tal y como mis dos sueños profetizan, entrase en mi cabeza para quedarse. Al fin y al cabo, son dos sueños en menos de media hora diciéndome lo mismo: que voy a suspender. Es mucha casualidad.
Sé que el examen me salió bien y tengo bastantes posibilidades de aprobarlo, y, sobre todo, sé que para aprobar no tengo que llegar al ocho ni multiplicar personajes extraños y luego dividirlos. Sin embargo, aún no he tenido huevos a meterme en la página de mi uni y ver si ya han subido las notas. Ahora voy, deseadme suerte.
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jueves, 17 de septiembre de 2009
lunes, 27 de abril de 2009
Un sueño, un relato
Una posición equivocada
Estábamos en un bar que suelo frecuentar. No sé bien cuántos éramos, ni me acuerdo de la cara de todos. Pero ahí estábamos, sentados en un círculo de banquetas en un punto del bar inexistente donde nunca he estado en la realidad desde donde el bar me parecía extraño.
Hablábamos, y de vez en cuando también reíamos. Algunos bebían, pocos; yo no. Creí ver algún chupito de tequila cruzarse de mano a mano. Mirándome a los pies me pregunté desde cuándo había colchones en el Cherokee, y qué es lo que había debajo del colchón para mantenerlo inclinado hacia arriba. Estaba tumbado sin estar en horizontal, pero me encontraba verdaderamente cómodo. Al fin y al cabo era lo mismo que encontrarme en la cama, pues también estaba tapado con una manta. Examiné un poco la especie de cama en la que me encontraba. Su colchón era muy fino. Más bien parecía una colchoneta, lo era. Pero aún así estaba muy a gusto.
No veía ningún foco de luz, pero debía haberla, sino, no podría estar viendo la cara de mis compañeros. Todo estaba bastante oscuro, y más allá de ellos no distinguía nada más que las paredes. Pero debía haber luz, por ínfima que fuese, aunque fuese una luz oscura, pues sino tampoco la habría visto a ella. Hablaba con una amiga, y sus presencias me hacen replantearme con qué grupo estaba pasando el rato realmente.
Hasta ese momento había estado bastante ausente de lo que sucedía alrededor mía. De hecho sólo había abierto la boca en contadas ocasiones, para responder a alguna pregunta...¿había abierto la boca en algún momento hasta ahora? El caso es que me encontraba pensando en mis cosas, ajeno a lo que sucedía hasta que la vi. Me fijé en su rostro de perfil mientras hablaba. La extraña luz se reflejaba en su piel clara que contrastaba con el fondo del bar. Mis amigos reían y hablaban alrededor de mis pensamientos. Atmósfera oscura, piel clara.
Se acercó a mí ¿sonreía?, debería de estar sonriendo. Sin embargo, había algo de seriedad en todo lo que ocurría, como si cada momento fuese crucial. Se inclinó un poco (yo seguí tumbado en el colchón oblicuo) y dijo cerca de mi cara:
-Tengo frío-
-¿Tienes frío?,- Respondí en tono jocoso, sonriéndola (tal vez ofreciéndola la sonrisa que ella me había negado)-¿no tienes abrigo?-
-sí, pero ¿me dejas meterme dentro?- Esto sí lo dijo sonriendo.
-Claro, hay sitio-
Me eché a un lado levantando un lado de la manta y se metió.
La debí de decir algo. Mantuvimos un corto diálogo de frases aún más cortas.
Como el colchón estaba oblicuo, y como esto no dejaba de ser un fantástico sueño, podíamos mantenernos sentados sin resbalar por el colchón, como si estuviésemos en banquetas. De hecho, en algunos momentos el colchón se transformaba en banquetas. Fue en este momento cuando me di cuenta de que llevaba puesta la camiseta de Reincidentes, camisa que hace mucho que no me pongo, pero no tanto como el tiempo que llevo sin escuchar el grupo.
Deslicé mi mano izquierda por el interior de la parte trasera de su camisa. La apoyé en su espalda. El gesto andaba entre lo amistoso y el cortejo. Me atraía (me atrae), y quería aproximarme a ella, pero sin abandonar el firme terreno de la amistad. Sólo que entonces, ¿dónde colocar la mano? Ahí estaba la clave. La posición intermedia entre amigo y pretendiente la tenía que traducir en la colocación de mi mano. Quería rodearla en un abrazo de amigos y a la vez acariciarla, tomar contacto con su piel.
¿Dónde apoyarla? No podía responderme a mí mismo. Más arriba, más abajo, a la derecha, a la izquierda...Su espalda era lisa, su superficie igual por todos lados y yo, centrado en la disyuntiva de la mano, se la estaba sobando sin darme cuenta. No pensé que podría estar disgustándola, aunque tampoco hizo nada que me sacase de mi estado de concentración. La mano, finalmente, no sabría dónde ponerla.
Pero dio igual, porque no sucedió nada. Ni hablamos, ni me miró sonriendo, ni tampoco se apartó. Sonaba la música y permanecíamos quietos y silenciosos. Salieron varias canciones que conocía, las que siempre ponen, pero era incapaz de cantarlas ni de moverme a sus ritmos, como suelo hacer. No me apetecía lo suficiente, y únicamente murmuraba algunas frases de los estribillos.
-Estoy un poco “plof” no sé por qué- Le dije para romper el silencio. Me levanté ¿había seguido mi mano en algún lugar equivocado de su espalda hasta entonces?, ande´ unos pasos y me acerqué a una pared. Había un plano de Metro, lo examiné y murmuré algo.
-¿Qué pasa?- Me giré, era ella. También había salido de la cama y me había seguido hasta el plano.
-Marta se ha equivocado de recorrido de metro. Va ha hacer más de diez paradas en vez de tres para llegar al mismo sitio.-
-Vaya.-
Y no sé cuánto más permanecimos en el bar.
Esta mañana, cuando andaba por el metro, camino de la universidad, me costaba creer que lo que me rodeaba fuese tan real como falso había sido el sueño. Al fin y al cabo, yo busco de verdad el punto correcto donde apoyar mi mano ¿lo habrá encontrado ya mi yo del sueño?
Recuerdo que antes de ayer hablaba con un amigo sobre lo que jode tener flashes del sueño de la noche pasada y no poder acordarse de el con exactitud. Menos mal que esta vez me he acordado.
Estábamos en un bar que suelo frecuentar. No sé bien cuántos éramos, ni me acuerdo de la cara de todos. Pero ahí estábamos, sentados en un círculo de banquetas en un punto del bar inexistente donde nunca he estado en la realidad desde donde el bar me parecía extraño.
Hablábamos, y de vez en cuando también reíamos. Algunos bebían, pocos; yo no. Creí ver algún chupito de tequila cruzarse de mano a mano. Mirándome a los pies me pregunté desde cuándo había colchones en el Cherokee, y qué es lo que había debajo del colchón para mantenerlo inclinado hacia arriba. Estaba tumbado sin estar en horizontal, pero me encontraba verdaderamente cómodo. Al fin y al cabo era lo mismo que encontrarme en la cama, pues también estaba tapado con una manta. Examiné un poco la especie de cama en la que me encontraba. Su colchón era muy fino. Más bien parecía una colchoneta, lo era. Pero aún así estaba muy a gusto.
No veía ningún foco de luz, pero debía haberla, sino, no podría estar viendo la cara de mis compañeros. Todo estaba bastante oscuro, y más allá de ellos no distinguía nada más que las paredes. Pero debía haber luz, por ínfima que fuese, aunque fuese una luz oscura, pues sino tampoco la habría visto a ella. Hablaba con una amiga, y sus presencias me hacen replantearme con qué grupo estaba pasando el rato realmente.
Hasta ese momento había estado bastante ausente de lo que sucedía alrededor mía. De hecho sólo había abierto la boca en contadas ocasiones, para responder a alguna pregunta...¿había abierto la boca en algún momento hasta ahora? El caso es que me encontraba pensando en mis cosas, ajeno a lo que sucedía hasta que la vi. Me fijé en su rostro de perfil mientras hablaba. La extraña luz se reflejaba en su piel clara que contrastaba con el fondo del bar. Mis amigos reían y hablaban alrededor de mis pensamientos. Atmósfera oscura, piel clara.
Se acercó a mí ¿sonreía?, debería de estar sonriendo. Sin embargo, había algo de seriedad en todo lo que ocurría, como si cada momento fuese crucial. Se inclinó un poco (yo seguí tumbado en el colchón oblicuo) y dijo cerca de mi cara:
-Tengo frío-
-¿Tienes frío?,- Respondí en tono jocoso, sonriéndola (tal vez ofreciéndola la sonrisa que ella me había negado)-¿no tienes abrigo?-
-sí, pero ¿me dejas meterme dentro?- Esto sí lo dijo sonriendo.
-Claro, hay sitio-
Me eché a un lado levantando un lado de la manta y se metió.
La debí de decir algo. Mantuvimos un corto diálogo de frases aún más cortas.
Como el colchón estaba oblicuo, y como esto no dejaba de ser un fantástico sueño, podíamos mantenernos sentados sin resbalar por el colchón, como si estuviésemos en banquetas. De hecho, en algunos momentos el colchón se transformaba en banquetas. Fue en este momento cuando me di cuenta de que llevaba puesta la camiseta de Reincidentes, camisa que hace mucho que no me pongo, pero no tanto como el tiempo que llevo sin escuchar el grupo.
Deslicé mi mano izquierda por el interior de la parte trasera de su camisa. La apoyé en su espalda. El gesto andaba entre lo amistoso y el cortejo. Me atraía (me atrae), y quería aproximarme a ella, pero sin abandonar el firme terreno de la amistad. Sólo que entonces, ¿dónde colocar la mano? Ahí estaba la clave. La posición intermedia entre amigo y pretendiente la tenía que traducir en la colocación de mi mano. Quería rodearla en un abrazo de amigos y a la vez acariciarla, tomar contacto con su piel.
¿Dónde apoyarla? No podía responderme a mí mismo. Más arriba, más abajo, a la derecha, a la izquierda...Su espalda era lisa, su superficie igual por todos lados y yo, centrado en la disyuntiva de la mano, se la estaba sobando sin darme cuenta. No pensé que podría estar disgustándola, aunque tampoco hizo nada que me sacase de mi estado de concentración. La mano, finalmente, no sabría dónde ponerla.
Pero dio igual, porque no sucedió nada. Ni hablamos, ni me miró sonriendo, ni tampoco se apartó. Sonaba la música y permanecíamos quietos y silenciosos. Salieron varias canciones que conocía, las que siempre ponen, pero era incapaz de cantarlas ni de moverme a sus ritmos, como suelo hacer. No me apetecía lo suficiente, y únicamente murmuraba algunas frases de los estribillos.
-Estoy un poco “plof” no sé por qué- Le dije para romper el silencio. Me levanté ¿había seguido mi mano en algún lugar equivocado de su espalda hasta entonces?, ande´ unos pasos y me acerqué a una pared. Había un plano de Metro, lo examiné y murmuré algo.
-¿Qué pasa?- Me giré, era ella. También había salido de la cama y me había seguido hasta el plano.
-Marta se ha equivocado de recorrido de metro. Va ha hacer más de diez paradas en vez de tres para llegar al mismo sitio.-
-Vaya.-
Y no sé cuánto más permanecimos en el bar.
Esta mañana, cuando andaba por el metro, camino de la universidad, me costaba creer que lo que me rodeaba fuese tan real como falso había sido el sueño. Al fin y al cabo, yo busco de verdad el punto correcto donde apoyar mi mano ¿lo habrá encontrado ya mi yo del sueño?
Recuerdo que antes de ayer hablaba con un amigo sobre lo que jode tener flashes del sueño de la noche pasada y no poder acordarse de el con exactitud. Menos mal que esta vez me he acordado.
jueves, 29 de enero de 2009
Inspiración del sueño de anoche.
Si echo a andar puedo huir de las sombras.
Le gano al Sol una hora.
No se entera, no me cobra.
Pero sólo si echo a andar.
Hace frío, pero no importa.
Me acompañan los amigos, las risas.
Se va el ruido, las prisas.
Nos reímos del Sol.
(Es un paseo)
Le gano al Sol una hora.
No se entera, no me cobra.
Pero sólo si echo a andar.
Hace frío, pero no importa.
Me acompañan los amigos, las risas.
Se va el ruido, las prisas.
Nos reímos del Sol.
(Es un paseo)
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